domingo, 17 de junio de 2012

Las reinas no visten de calle, por Glenn Close

Era 1978 y yo estaba interpretando una obra en Broadway, The Crucifer of Blood (traducible por El sangriento portador de la cruz). Me encontraba al principio de mi carrera, la obra estaba teniendo éxito, pero a mí apenas me conocía nadie. Por eso a la encargada de prensa se le ocurrió una brillante idea: yo sería la reina del Salón del Automóvil de Nueva York de aquel año.

La noticia no me entusiasmó, porque a pesar de todo soy una persona tímida, pero habría hecho cualquier cosa por la obra. "¿Cómo debe vestir la reina de un salón del automóvil?", le pregunté. Ella me dijo que bastaba con que vistiera de calle (como si yo tuviera en mi armario algo adecuado para la ocasión). Recuerdo exactamente lo que me puse, porque aún lo tengo grabado a fuego en la memoria: una falda de punto color óxido y una blusa de gasa con estampados florales. Creo que ni siquiera me había peinado o maquillado.

Me reuní con la encargada de prensa en la puerta, y me dio una tiara que parecía saca de una tienda de artículos de fiesta. Era de metal, pero podría haber venido de regalo de la caja de los cereales. No sé si recuerdan el Coliseum de Nueva York. Era como caminar por un gran palacio. Pero cuando llegué a lo alto de las escaleras mecánicas me encontré con la siguiente escena: una sala resplandeciente que estaba llena de coches y chicas en biquini que daban vueltas sobre plataformas giratorias. Era la jornada inaugural, y los periodistas poco a poco se iban arremolinando en torno a los modelos. Tragué saliva para contener la sensación de pánico, ya que en ese momento me di cuenta de hasta qué punto mi ropa era inapropiada para la ocasión.

Ahí estaba yo, vestida de calle y con mi patética tiara, mientras la encargada de prensa trataba de convencer a todo el mundo de que yo era la reina del evento. No me sacaron una sola foto. ¿Cómo iba a competir con esos biquinis y esos enormes pechos?

Fue un momento realmente devastador. Creo que estaba paralizada, tan avergonzada que ni siquiera podía echarme a llorar. En la guardería era una niña demasiado tímida para tocar el tambor. Tenía que tocar el triángulo, con su pequeño "¡ting!".

Este error me afectó mucho. Me sentí tonta, absolutamente negada: había asumido un compromiso y había hecho el ridículo. Una persona ha de tener confianza en sí misma, cierto, pero solo hasta cierto punto. Como dice mi marido, "hay que hacer un esfuerzo mental para ponerse en situación, para tratar de adelantarse a todo lo que pueda suceder".

Esta experiencia me hizo mucho más prudente y me enseñó a valorarme más. ¿Qué cual es la lección? No vistas de calle cuando se supone que tienes que ser la reina.

sábado, 16 de junio de 2012

Betty Boop-poop-a-doop

La chica con más swing de todo el cine de dibujos animados tenía ojos muy grandes, boquita de piñón y pelo negro, y enseñaba siempre una liga con mucha picardía. Se llamaba Betty Boop.

Su cara, su voz y su estilo estaban calcados de los rasgos de una persona real: la cantante y actriz Helen Kane, que se había hecho famosa por una simpática frase que ella decía juntando los labios, como si estuviera haciendo pucheros: Boop-poop-a-doop.

Esa frase la pronunció Helen Kane en la canción I wanna be loved by you (Quiero ser amada por ti) grabada en 1928. Tres años más tarde se estrenó la primera película de dibujos animados de Betty Boop, que hablaba y cantaba como Helen Kane, y tenía la misma cara redonda y grandes ojos negros que ella. Y decía “Boop-poop-a-doop” exactamente igual que Helen Kane, a pesar de que ella desconocía el hecho de que la Paramount hubiese utilizado su imagen para crear un personaje. Tiempo más tarde, Helen demandó a los estudios alegando que le habían copiado la apariencia, la forma de bailar y cantar y el eslogan. Kane perdió el juicio (y su “Boop-poop-a-doop”) cuando el creador del personaje animado probó que la frase ya había sido usada antes de Kane.

Betty Boop es famosa por ser el primer personaje de dibujos animados que representa completamente una mujer sexual. Otros personajes femeninos del mismo periodo mostraron su ropa íntima regularmente, como Minnie Mouse, pero no tenían forma completa de mujer. Betty Boop, sin embargo, reveló su sexualidad. Llevaba vestido corto y liguero. Tenía pecho prominente y enseñaba el escote. Incluso, en sus caricaturas, otros personajes intentaban espiarla mientras se cambiaba.

En España, Betty Boop fue muy conocida. Se hicieron muchos chistes sobre "Popeye y la Bety Bú". Y se escribieron canciones, como el fox-trot Mi Betty Boop, que Pedro Terol grabó con la orquesta de jazz Los Bolivios, en el año 1935.






En 1959, en su película Some like it hot (Con faldas y a lo loco), Marilyn Monroe resucitó la canción I wanna be loved by you, en una imitación perfecta, no sólo de la voz y el estilo de Helen Kane, sino también del personaje de Betty Boop. A día de hoy, Betty Boop es un icono de glamour y rebeldía, difícil combinación que muchas (y muchos) lucen en bolsos, camisetas o mochilas.

martes, 12 de junio de 2012

The Dark Horse (1932)

75 minutos.
Blanco y Negro.

Director: Alfred E. Green.
Intérpretes: Warren William (Blake), Bette Davis (Kay), Guy Kibbee (Hicks), Vivienne Osborne (Maybelle)y Frank McHugh.

Argumento esencial y vivamente político con un sencillo Kibbee que pugna por ser elegido gobernador. Cuenta con la ayuda en la campaña de un sagaz William, ayudado por su compañera Davis, quien intenta seducirle sin conseguirlo.

El discurso central de la campaña no es del guionista, sino que pertenece a Lincoln. No se extrañen, pues, si les gusta.

Algunas imágenes de la película:

jueves, 7 de junio de 2012

Esclavos de la Tierra (The Cabin in the Cotton, 1932)

77 minutos.
Blanco y Negro.
Warner.

Productor: Hal B. Wallis.
Director: Michael Curtiz.
Guión: Paul Green. Basado en una novela de Harry Harrison Kroll.
Fotografía: Barney McGill.
Intérpretes: Richard Barthelmess (Marvin), Dorothy Jordan (Betty), Bette Davis (Madge), Henry B. Walthall (el viejo Eph), Berton Churchill (Lane Norwood), Walter Percival (Cleve Clinton), William Lemaire (Jake Fisher), Hardie Albright (Roland Neal) y Tully Marshall (Old Slick Harness).

Bette Davis ya tiene su primer papel como mujer perversa y sexy, intentando ligarse a Richard Barthelmess y apartarle de otra guapa y virtuosa chica (Dorothy Jordan). Este melodrama sobre el timo de unos plantadores del sur es una buena base argumental, especialmente reforzado por el impacto de ver a Bette Davis. Michael Curtiz, el director de la película, tenía fama de mal hablado y no era para menos, ya que se dirigía a Bette como "hija de perra, mala y asexuada". Pese a todo, la dirigió con acierto en su primer papel como devoradora de hombres, y en donde tiene una escena completamente desnuda que la censura escamoteó parcialmente. De este filme es famosa su frase: Te daría un beso, pero acabo de lavarme el pelo.


Algunas imágenes de la película: