domingo, 27 de febrero de 2011

El Aniversario (The Anniversary, 1968)



Davis regresó a Europa en 1968, para hacer El Aniversario para Hammer Films. Jimmy Sangster, guionista y productor de A merced del odio, ejerció las mismas funciones en esta ocasión. "Me encanta esa película", dijo Davis a Lawrence O' Toole. "Es una mujer que, cuando su hijo se va a la cama con su nueva novia, coge su ojo de cristal y lo pone encima de la almohada. Era una mujer adorable. Pero eran todos unos idiotas. Gente insignificante y debilucha. Uno de los hijos desde luego es homosexual. Le gusta la ropa interior de mujer. Es una película muy divertida". En realidad, el hijo homosexual no es homosexual. Pero lleva ropa de mujer. Evidentemente, Bette no apreció la diferencia.


En esta estrambótica comedia negra basada en una conocida obra de teatro, Bette Davis lleva la batuta interpretando a la matriarca de una familia de lo más singular. Madre de tres hijos adultos, la tuerta señora Taggart es una mujer dominante que no se para en barras con tal de mantener bajo control a su apocada prole. Aunque su marido, a quien despreciaba, lleva diez años muerto, continúa celebrando el aniversario de boda e insiste en que sus tres hijos vengan a casa. Pero este año sus vástagos acuden a la cita con otra idea en la cabeza: sacudirse el yugo de su madre.


Susan Sontag dijo eso tan célebre de que el camp es gravedad fallida, pero El Aniversario es un camp fallido: un metafracaso. Pretende ser repulsivamente divertida, pero la mata su propio artiricio. La señora Taggart hace este comentario infecto: "Shirley, querida, ¿te importaría sentarte en otro sitio? El olor corporal me ofende". Para esta escena lleva el parche fucsia en el ojo, un toque que el espectador debe encontrar divertido. Al avergonzado hijo travestido le dice: "No puedes salir a cenar vestido así. Ya sabes que el nailon te provoca urticaria". ¡Ja! Al otro hijo, Thomas, le dice: "Si pudiera disecarte, te pondría en esa vitrina de ahí, con el resto de mis bonitas pertenencias. Y lo haría por amor". Para decir esto se pone el parche negro.

Forzar una versión desafinada del himno "Rock of Ages" no fue una buena decisión dramática por parte de Davis. Dada la estruendosa obviedad de El Aniversario y la calidad vocal de la intérprete, Davis no necesitaba forzar nada. La película acaba con un plano congelado de Bette riendo enloquecida, mientras juega con una maqueta operativa del Manneken Pis.


domingo, 20 de febrero de 2011

¡No quiero bailar contigo!

Al transcurrir los últimos meses de 1949 sin que llegase un guión aceptable para Bette, la actriz se volvió más irritable y volátil. A Sherry, su entonces marido, le devoraba la ansiedad por el malestar de su matrimonio, y su relación se desintegró aún más cuando Bette empezó a humillarle en público, echándole en cara desde su inactividad laboral hasta la incipiente calvicie. En una fiesta de Hollywood organizada por la MCA, la agencia de Bette, a Sherry no se le permitió que se sentase al lado de su esposa, que estaba en una mesa "con las personalidades". Algunos invitados le preguntaron por qué no acompañaba a su mujer, y no pudo dar una explicación coherente. En un momento de la velada se acercó a Bette y la invitó a bailar. Ella alzó una mirada altanera, y en su mesa se hizo el silencio. "¡No quiero bailar contigo!".

Sin decir una palabra, Sherry se inclinó, rodeó el talle de Bette con la mano y la levantó de la silla. La llevó a rastras hasta la pista de baile, y cada vez que ella forcejeaba para soltarse, le mascullaba: "No irás a ninguna parte". Finalmente paró la música, y Sherry aflojó la zarpa. Bette dejó la pista a toda velocidad y, en el instante en que su marido se disponía a perseguirla, Joseph Cotten le agarró por el brazo. "Cuando la alcances -le aconsejo- dale un puñetazo en la boca". Bette no regresó al banquete, y Sherry se enteró después de que se había fugado por la ventana del lavabo y tomado un taxi hasta casa.

domingo, 13 de febrero de 2011

Una vida robada (A stolen life, 1946)



El 1 de mayo de 1946 se distribuyó Una vida robada, y Bette tenía un interés especial en su éxito comercial: era el primero de una serie de films que debía producir para la Warner bajo la égida de su nueva empresa, B. D. Inc.

Como confiesa en sus memorias, Bette no produjo la cinta en el sentido estricto de la palabra. "No hice más que entrometerme, siguiendo mi sana costumbre. Si eso era producir, había sido un magnate durante años". La creación de la casa productora fue en gran medida una concesión de Jack Warner al ego y al poder de Davis. También entrañaba para la actriz algunas ventajas fiscales, pero su objetivo primordial al producir films propios era la posibilidad que le brindaba de escoger sus trabajos.


Warner cruzó los dedos, convencido de que Bette elegiría alguna obra esotérica predestinada a fracasar en taquilla. Sin embargo, si algo había aprendido la star durante sus catorce años en los estudios era que siempre debía primar el factor financiero, ya que todo lo demás dependía de él. Escogío Una vida robada por dos motivos. En primer lugar, le auguraba una acogida masiva entre el público. Además, constituía un excelente escaparate para su versatilidad interpretativa; el guión requería que encarnase a dos hermanas gemelas, una buena y la otra malvada, enamoradas ambas del mismo hombre.


Si algunos observadores esperaban que Bette montaría su gran maratón escénica con aquellos personajes, quedaron defraudados. Realizó una interpretación moderada, eficaz, delineando sutilmente las diferencias temperamentales entre las dos mujeres, y retrató de un modo conmovedor la desesperación de la gemela bondadosa cuando su hermana le roba el hombre al que ama. Pero el film resultó ser verboso, lento y extrañamente distante. El director, Curtis Bernhardt, que había iniciado su carrera en Alemania, le dio unos incoherentes contrastes de cine negro; la mayoría de las escenas son tan oscuras que a duras penas se ven.


Las críticas de Una vida robada fueron generalmente adversas, pero el público acudió en tropel y el film devino en el mayor éxito de Bette Davis, con unos beneficios netos de dos millones y medio de dólares. El motivo predominante de esta afluencia multitudinaria tuvo que ser Bette. Había estado más de un año ausente de las pantallas, y los espectadores de Una vida robada pudieron verla interpretar los dos papeles en los que siempre había descollado: la mártir noble, sufrida, y la arpía testaruda y egoísta. Pese a las deficiencias del film, los admiradores de la actriz lo pasaron en grande.

domingo, 6 de febrero de 2011

Bette y su amarga victoria


¿Cómo se sentiría usted si le dijeran que sólo le quedan seis meses de vida? Ésta es la pregunta que formuló la periodista Gladys Hall en la época del estreno de Amarga victoria (Dark Victory). "Me afectaría muchísimo", contestó Bette, antes de cambiar la indignación decorosa por la ira desatada. "¡Me parecería espantoso! Gritaría: ¿Por qué me pasa esto a mí? ¡Me volvería loca, me pondría como una fiera! Intentaría matar mi agonía con sedantes insensatos. Intentaría olvidar por todos los medios que tuviera en mis manos frenéticas: alcohol, romances, pesadillas ruidosas, cualquier cosa que suavizara el golpe de la pesadilla esencial".

Seguro que habría reaccionado como dijo que haría, esta Davis cada vez más histriónica. Su divorcio la había vuelto especialmente vulnerable a esas convulsiones emocionales que tan mal sabía reprimir, ni en las mejores circunstancias. Pero, como casi siempre, fue la actriz que había en ella quién ganó la partida. En Amarga victoria interpretó la muerte inminente de su personaje con mucha mayor delicadeza. Judith Traherne es una magnífica mezcla de nobleza y neurosis, y Bette se identificaba intensamente con ella. Muchos años después, con la distancia crítica que dan la edad y la experiencia, Davis dijo que Judith Traherne era "mi personaje favorito -y el del público- de todos los que he interpretado".