Una calculadora y despiadada mujer sureña entabla una lucha sin cuartel con sus hermanos para enriquecerse. En sus planes no entran los sentimientos, ni siquiera hacia su marido, un hombre honesto que sufre una grave enfermedad. Éste regresa a casa de un largo período de recuperación. En medio del terrible clima de ambición desmedida, sólo encontrará calor humano en el amor de su hija.Dicen algunos que la ola de calor que sacudió California en el verano de 1941 fue la verdadera responsable de que la relación entre William Wyler y Bette Davis terminara en el rodaje de “La loba” como el rosario de la aurora...
A Wyler le gustaba Bette Davis, pero a los 10 minutos de conocerla y trabajar con ella en las tres películas en que trabajaron juntos, en “Jezabel” (las otras dos serían "La carta" y “La loba”) ya no podía con ella. No estaban de acuerdo en nada y Wyler tuvo que ir haciéndose a la idea de que Davis era en realidad la actriz más conflictiva de Hollywood en aquellos tiempos.
Los roces de Bette Davis con la gente del cine eran moneda corriente durante los rodajes y fuera de ellos. Se daba la circunstancia antes de que se empezara a rodar “La loba” de que la obra de Lillian Hellman en la que se basaría la película había sido interpretada en Broadway por una actriz especializada, como la Davis, en papeles de mala, la inconmensurable y hoy menos recordada de lo que merecería Tallullah Bankhead. Esto ya había sucedido anteriormente con “Amarga victoria”, cuya versión teatral fue protagonizada por Bankhead y la cinematográfica por Davis. Ambas actrices se cruzaron una noche en una fiesta y Tallullah reprochó a Bette robarle papeles cuando, en su opinión, claro, ella lo hacía mucho mejor. Con dignidad y unas palabras amables, Bette Davis surcó la fiesta mientras Bankhead ahogaba su amargura e insana envidia en una balsa de alcohol.
Pero las diferencias entre Bette Davis y el resto del mundo no se quedaron ahí. Estaba contratada por Jack Warner y para esta película, “La loba”, habría de trabajar para Samuel Goldwyn, quien ofreció al primero casi 400.000 dólares por la cesión de la actriz. Esta, se sospecha que enfurecida por ganar todavía sólo unos 15.000 dólares al mes, se plantó en el despacho de Warner y pidió una parte (no está claro qué cantidad) de la cifra total por su cesión. Jack Warner se la dio y ella descubrió para siempre que ir a porcentaje con los productores es casi siempre una operación rentable.
Con las cámaras dispuestas para dar la primera vuelta de manivela, Bette Davis discutió sobre el guión, una obra maestra de Lillian Hellman en cuya versión final colaboraron media docena de escritores agrupados en torno a la legendaria Dorothy Parker, incluida ella misma. No le pareció bien el maquillaje (algo en lo que, al menos, William Wyler estuvo de acuerdo con ella). Se mostró caprichosa en los detalles más nimios e inverosímiles, pero lo más grande estaba por llegar.
Una escena del film
Para poner en pie su personaje de mujer embaucadora, envidiosa, soberbia y avariciosa, William Wyler pidió moderación interpretativa, pero Bette Davis hizo todo lo contrario: exagerar los defectos de su personaje, amplificarlos, estallar en gestos, mostrar en todo momento su primaria maldad. Los gritos y las amenazas de abandono por parte de Davis se hixieron insoportables y a mitad de una jornada de rodaje, la actriz abandonó el set y dejó colgado a Wyler, quien ya sabía que nunca más trabajaría con ella en una película. Antes de que Goldwyn encontrara recambio, y seguramente por una cuestión pecuniaria, Bette Davis apareció por los estudios y acabó la película casi sin hablarse con el director.
“La loba” es una obra maestra que obtuvo ocho nominaciones a los Oscar pero no consiguió ninguno. Pero logró algo más importante: había nacido una leyenda y se había consolidado quizá la mayor estrella del cine clásico, Bette Davis, una mujer conflictiva, sí, pero brillante, inimitable, temperamental y emocionante.


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